DECÁLOGO DE UN COLECTIVO ANIMAL

 

A veces pienso que vivimos en un mundo donde cada vez prevalece más la barbarie sobre la buena educación y la consideración hacia los demás. Y estoy más convencido que al final todo es el resultado de poner en práctica lo que somos realmente. Lo que en esencia nos mueve, nos caracteriza y nos identifica como especie o como individuos concretos o singulares.

Ahí tenemos a los seres humanos, y lo digo desde el respeto de un dragón serio y educado, que son una especie interesante de observar...sobre todo cuando van en grupo, se muestran excitados y tienen tiempo libre por delante para hacer de las suyas.

En estas protestas sobre seres humanos chillones, bárbaros y bulliciosos anda metido un buen grupo de colegas míos escamosos que me han hecho llegar esta carta a la redacción de Kaloula:

"Desde la falsa libertad de los recintos acristalados en que vivimos te queremos contar, amigo Physi, y a la vez protestar con el derecho que tenemos a que se nos trate bien y con respeto, como un alegre día de visita al terrario o zoo público puede transformar a esta especie que nos cuida en un terrible calvario para los que les observamos al otro lado del cristal.

Debemos aprovechar esta ocasión para dirigirnos tanto a los papás, sufridores eternos de los caprichos de sus jóvenes infantes, como a los pequeños. Queremos que lean estas líneas con atención. Que entiendan bien el mensaje. Y si puede ser que se lo hagan aprender. Si yo fuera un padre, le haría leer a mi hijo esta humilde carta y luego le haría preguntas de examen... bueno, es que tengo el día desmesurado. Las serpientes somos así.

Los que vivimos en instalaciones públicas de zoos y sitios similares padecemos siempre de la falta de motivación de la mayoría de los que nos cuidan y de la gran mayoría de los que nos visitan.

Jóvenes uniformados, vestidos como si de exploradores de la selva se tratara, mal pagados, los pobres. Muy mal pagados, si no lo he dicho ya. Son los encargados de hacernos que el día a día nos sea llevadero y cuando menos agradable. Son estos empleados, que trabajan más por amor a los animales que por el escaso sueldo que reciben, los que nos cuidan a diario. Y es esta falta de motivación lo que nos afecta cuando los cuidados se transforman en procesos habituales, cotidianos y ya faltos de toda sensibilidad.

Solo quería recordar a algunos buenos chavales que han pasado por estas instalaciones y que de forma personal y a veces, a pesar de los pesares y en contra de las directrices de los jefazones que se apoltronan en sus elegantes sillones de piel; han intentado que tuviéramos una vida mejor. Esa buena gente llena de ilusión, que a veces nos llega con sus lamentables contratos eventuales, que llegan a trabajar en nuestros cuidados llenos de ganas y vocación. Esa buena gente recién salida del horno universitario. Son en realidad la diferencia entre que los animales que aquí vivimos pasemos por este mundo con una vida digna o padezcamos todo tipo de mal trato y falta de cuidados.

Solo quería recordároslo cuando vayáis al zoo, al acuario o al terrario público, y veáis allí al joven que os dice que no podéis hacer fotos con flash o al que os recuerda que no se deben golpear los cristales con los nudillos. Pensad en él y vedlo con otros ojos. Sed considerados con lo que os indica.

Ahora que pienso en las visitas, recuerdo que mañana es domingo, y se me ponen las escamas de punta y el cuerpo rígido solo de pensarlo. Mañana es el día D y la hora H. Es el día en que las huestes del maligno entran a la carga por el portalón del zoo para saturar hasta el más pequeño espacio de gritos, golpes y follón padre, que hace de estos pobres animales, inquilinos forzosos de esta casa, sufridores en silencio del pandemónium que se forma todos los fines de semana.

Es un horror tangible lo que tenemos que soportar desde el amanecer al anochecer los que estamos al otro lado del cristal en un zoo o terrario público, sobre todo los días de fin de semana, cuando las hordas de visitantes se agolpan contra los cristales de los terrarios con ansiedades siniestras y ganas de agarrarnos incontroladas y solo contenidas por la delgada barrera del cristal.

Estas baraúndas humanas nos asaltan así día tras día y en época festiva se multiplican.

Cuando los veo en estas demostraciones de barbarismo incontrolado no los censuro, la verdad que no, porque responden a lo que son en realidad. Nunca un grupo humano se muestra tan como es como cuando se dispone a pasar un día en un zoo, acuario o terrario público. En ese momento el grupo de Homo sapiens es en realidad genuino. Es lo que miles de años de evolución se han empeñado en que sea. Es un grupo de primates, que hacen lo que un buen grupo de primates debe hacer... es decir, mangar jaleo.

Afuera del terrario he visto a veces desde las ventanas la instalación de los papiones. Esos monos alborotadores que no paran de chillar y se empujan, se muerden, se amenazan por la posesión de un cacahuete que un turista generoso les lanza de vez en cuando. Al mirar lo que hacen, como se agolpan unos contra otros, como son siempre un torrente de gritos y rencillas, y luego ver la baraúnda humana de visitantes que se nos agolpa ante los cristales de nuestros terrarios en una incontenible y desbordada riada de gritos, empujones, carreras de niños y golpes contra los cristales; no puedo evitar ver la semejanza. Ver que al final todos son primates iguales, todos son lo mismo y no pueden ser de otro modo. Vayan vestidos con sus flamantes ropas de domingo o vayan con sus culitos colorados y desvergonzados al aire.

Ser comprensivo no quiere decir que debamos ser condescendientes. Me gustaría que esta tranquila protesta sirviera al lector que se muestra identificado de un momento de reflexión y quizá de un propósito de cambio de actitud.

Entre todos los colegas que sufrimos a diario esta falta de educación, mezcla de ignorancia y barbarie, hemos resumido en un decálogo las normas, como si de los diez mandamientos se tratara, de lo que nunca se debería hacer cuando uno visita un zoo, acuario o terrario publico.

Este decálogo debería ser de obligatorio aprendizaje en el ámbito escolar, y los padres hacérselo recitar a sus hijos antes de entrar en estos parques de naturaleza en cautividad.

Aquí os lo dejamos, con toda la gratitud a aquellos que cumplan aunque sea una sola de estas sugerencias casi ruegos de todos nosotros:

1.- Antes de iniciar la jornada del zoo, acuario o terrario público la familia debe hablar sobre lo que va a ver y predisponer a los niños a lo que van a aprender y encontrar en las instalaciones.

2.- Nunca se debe gritar, llevar la música en alto o ametrallarnos con los flashes de las cámaras fotográficas. Somos seres que venimos de mundos recónditos de silencio y estos excesos sonoros y luminosos nos hacen enfermar por estrés.

3.- En las zonas de interiores nunca se debe correr o precipitarse contra cristales o vallas entre empujones. Hay que permanecer de forma tranquila sin alarmar y asustar a los animales que allí se mantienen.

4.- Los cristales de los acuarios y terrarios no se deben nunca golpear con las manos. Los golpes continuos intentando que os prestemos atención acaban por enfermarnos al mantenernos en un estado continuo de alarma de agresión y de estrés.

5.- Los padres deben aprovechar para explicar a sus hijos lo que ven y desarrollar su curiosidad por los seres vivos que se muestran.

6.- La familia debe disfrutar leyendo los carteles explicativos de los hábitats y costumbres de los animales que se muestran. Haciendo de esta actividad un momento de aprendizaje y disfrute para sus hijos con el respeto por la naturaleza y los seres vivos que en ella habitan.

7.- A la vuelta al hogar, debéis aprovechar el impacto que la visita al zoo, acuario o terrario público ejerce sobre la receptiva mente de los niños para que continúen aprendiendo el respeto por todos los seres vivos, y la riqueza que supone la biodiversidad, realizando manualidades, dibujos, lecturas, videos, etc.

8.- Si la visita a estos parques de la naturaleza os induce a la adquisición de una mascota exótica, tanto reptil, anfibio o pequeño mamífero; debéis informaros lo mejor posible sobre sus cuidados antes de comprarla.

9.- El mantener una mascota exótica. Cuidar en el hogar una serpiente, una iguana, una tortuga o un pequeño jerbo, por ejemplo, debe ser un proceso de aprendizaje para los niños, y una vigilancia muy responsable de los padres para que los animales no sufran ningún daño.

10.- Y por último, nunca debemos olvidar que tanto en el zoo, acuario o terrario público como en vuestros hogares los animales no son juguetes y su vida nunca tiene precio"

Y así termina esta carta que este mes nos envía un colectivo de animales, habitantes cotidianos de estos parques de la naturaleza, que como podéis ver nos recuerdan muchas cosas que a veces nadie da ninguna importancia… o quizá si… quien sabe.

 

Hasta la próxima...

 

Physi

 

Texto: Dr. Pez


Dr. Pez © Jesús Salas y Carlos Garrido, 1997-2009. España