Por Gaua

 

Los colémbolos son pequeños insectos que forman la base principal de la dieta de muchos pequeños anfibios. Para algunos, como las dendrobates de menor tamaño, pueden constituir incluso su único alimento en cautividad, así que es importante saber cómo mantenerlos y criarlos con éxito.

Este pequeño artículo os ayudará a sacar el máximo partido a vuestros cultivos de colémbolos y conseguir una provisión abundante y estable, que hará las delicias de vuestros pequeños anfibios.


 

1. CARACTERÍSTICAS

Los colémbolos engloban a un amplio número de especies dentro de la clase Collembola. Son unos insectos con gran éxito, encontrándose la mayoría de países de todo el mundo.

No vuelan y son lucífugos (evitan la luz), habitando generalmente el suelo de los ecosistemas y alimentándose de materia orgánica en descomposición y también de hongos-moho. Son por tanto, unos recicladores que cumplen una función muy importante en la naturaleza, y por qué no, también en nuestros terrarios.

Los podemos encontrar en la tierra del suelo de los bosques, entre la hojarasca y también incluso en las macetas de nuestras plantas. Pero esas son especies que requieren temperaturas más frescas que las que suele haber en nuestra casa. Así que para hacer nuestros cultivos en el interior, necesitamos una especie diferente. Los colémbolos que nos interesan para criar pertenecen a una especie tropical y son de color blanco. Miden hasta 2 mm y son ovíparos. Los huevos eclosionan en unos 7-9 días a 25ºC y alcanzan la madurez en unos 20 días.

 

2.- MANTENIMIENTO DE LOS COLÉMBOLOS

Como hemos dicho antes, los colémbolos huyen de la luz, así que lo ideal sería un recipiente de plástico negro. Como resulta bastante difícil encontrar envases con estas características, podemos utilizar cualquier tupperware de plástico, aun siendo transparente, mientras lo mantengamos en un sitio relativamente oscuro, como un armario. Si no, lo más probable es que los colémbolos se escondan y salgan de noche.

Los tuppers no han de ser muy grandes, por ejemplo, sirven perfectamente desde los 15 a los 30 cm. Es preferible tener más pequeños que pocos grandes, ya que si le ocurre algo a uno, tenemos más cultivos a salvo. Es preferible que los tuppers sean algo altos (por lo menos 5 cm), dado a que los colémbolos son capaces de dar pequeños saltos y podrían salir algunos al abrir la tapa.

Como sustrato, hay gente que utiliza tierra normal para macetas, pero a mí me ha ido muy bien con fibra de coco. La fibra de coco la podemos comprar en muchos centros de jardinería, en forma de bloques secos y compactos. Estos bloques los debemos sumergir en agua (unos 3 l de agua por bloque) y cuando hayan absorbido el agua, ya podemos desmenuzarlos, utilizar la fibra de coco deseada y guardar el resto para otra ocasión.

En cada tupper pondremos una capa de unos 2 cm de fibra de coco, la humedeceremos si vemos que está demasiado seca y la presionaremos firmemente con ayuda de una cuchara. Esto es para evitar que el sustrato quede muy suelto y los colémbolos se escondan en él, así permanecerán sobre él más accesibles.

 

La humedad del sustrato debe ser la justa para que no esté encharcado. Si vemos que hay demasiada agua, podemos absorberla con ayuda de una servilleta o papel de cocina o inclinar el tupper para que escurra.

Hay aficionados que antes de introducir los colémbolos meten el tupper con la tierra unos segundos dentro del microondas. Yo no lo suelo hacer, pero sin duda sería muy recomendable para evitar introducir parásitos no deseados. Luego debemos dejar enfriar el cultivo antes de introducir los colémbolos.

La tapa del recipiente no ha de tener ningún agujero, porque podrían escapar los colémbolos y/o entrar ácaros. De hecho es preferible que sea un tupper de buena calidad y que la tapa cierre herméticamente, pues los ácaros se pueden colar fácilmente por las rendijas de tapas que cierren mal.

Basta con abrir el cultivo dos veces por semana (momento en el que aprovecharemos para echarles de comer) para que se renueve el aire.

Para facilitar la recogida de los colémbolos, podemos colocar varios trozos de corteza de árbol o de carbón vegetal. Sí, nos sirve perfectamente el carbón vegetal que se utiliza para hacer barbacoas, previamente lavado para quitar un poco el tizón que los recubre, y pasados unos segundos por el microondas.

Bajo estos trozos de carbón o corteza se esconderán los colémbolos y los usaran como refugio. Es preferible utilizar los trozos de carbón o corteza más grandes y a ser posible, más planos.

A la hora de usarlos como alimento o para hacer otro cultivo, lo tendremos muy fácil, simplemente cogiendo estos trozos de carbón o corteza.

 

 

En cuanto a la temperatura, toleran sin problemas entre 18 y 27ºC, siendo 24ºC la temperatura ideal. Por encima de los 32ºC no aguantan demasiado bien.

Cuando tengamos el recipiente preparado, podemos echar algunos colémbolos. Si vienen en un recipiente con el sustrato suelto o lleno de trocitos de corteza, a veces incluso es buena idea echar bastante agua en el recipiente para que los colémbolos trepen a los puntos más altos huyendo y entonces ahí nosotros podemos recogerlos poniendo un trozo plano de corteza o carbón. Podemos echar incluso una pizca de comida sobre el trozo plano, dejarlos en un sitio oscuro y así los colémbolos del cultivo irán subiendo sobre él, y podemos cogerlos y sacudirlos o soplarlos para que caigan a los cultivos nuevos.

 

 

 

3. ALIMENTACIÓN DE LOS COLÉMBOLOS

Como hemos comentado al principio, los colémbolos se alimentan de materia orgánica en descomposición: mohos y restos de vegetales que encuentran en los suelos de los ecosistemas donde habitan.

Nosotros podemos proporcionarles esta hojarasca, pero resulta mucho más práctico y cómodo alimentarlos con comida preparada. Pueden comer muchas cosas, por ejemplo, peladuras de patata y manzana, pero yo os recomiendo una mezcla a base de alimento en hojuelas para peces y levadura de cerveza en copos, finamente triturados hasta convertirlos en polvo. Con esta dieta crecen muy rápidamente. También pueden ser alimentados únicamente con levadura de cerveza, pues es un alimento completo que contiene gran cantidad de nutrientes.

 

 

Añadiremos una pequeña pizca de comida al sustrato, si queremos que se acumulen más fácilmente pondremos encima los trozos de carbón. Es importante no pasarnos con la comida, sobre todo al iniciar el cultivo, porque esa suele ser la principal causa de la muerte total de los cultivos. Al añadir demasiada comida, se produce una fermentación que asfixia a los colémbolos, ya que el aire no se renueva en los tupperes cerrados, y si no abrimos la tapa a tiempo todos morirán. Nos daremos cuenta porque todos los colémbolos saldrán y se quedarán quietos sobre la superficie, como si estuvieran muertos. Si nos damos cuenta antes y dejamos que se airee a menudo, "revivirán" sin problema en pocas horas, si no, morirán.

Por eso al principio es mejor echar apenas una pizquita de comida, y observar a los dos-tres días, y si se lo han comido, añadir más.

Lo cierto es que el cultivo de colémbolos dura mucho tiempo (a veces más de dos o tres meses) y no da apenas trabajo, simplemente la rutina de abrirlo un par de veces por semana para que se renueve el aire y añadir la comida.

Si aparece moho blanco sobre la comida, no nos preocupemos, puesto que ese moho también sirve de alimento a los colémbolos.

 

4. PLAGAS Y PROBLEMAS EN EL CULTIVO DE COLÉMBOLOS

Como ya hemos dicho, uno de los principales problemas es no excedernos con la comida, puesto que debido a la fermentación podemos asfixiar a los colémbolos.

Sin embargo, existe una plaga que puede afectar irreversiblemente a nuestros cultivos de colémbolos y se trata de la infestación por ácaros. En los cultivos podemos tener dos tipos de ácaros: los ácaros parásitos y los ácaros depredadores.

Los ácaros depredadores son de mayor tamaño que los ácaros parásitos y son más rojizos. Tienen largas patas (visibles con lupa) y se mueven a mayor velocidad que los ácaros parásitos. Esta diferencia es porque son cazadores, y su presa, son los colémbolos. Los cultivos que se infestan de ácaros depredadores verán mermado su número poco a poco, aunque los colémbolos son muy prolíficos y puede que no se note demasiado.

Estos cultivos infestados tendremos que rechazarlos y empezar otros nuevos cultivos. Por fortuna, las plagas de ácaros depredadores no son muy frecuentes. Estos ácaros se encuentran en el bosque, en las macetas ... por eso, si cogemos cortezas en el suelo del bosque, es importante lavarlas y meterlas un minuto al microondas para acabar con todos los bichos.

Los ácaros parásitos son los típicos que suelen afectar a muchos cultivos. Son pequeños (menos de 1 mm), blancos y redondos. No se mueven a gran velocidad y no se aprecian tan bien sus patitas como en los depredadores, aunque si nos fijamos con detalle, podremos notar cómo se desplazan.

Estos ácaros se alimentan de las mismas cosas que los colémbolos, y también adoran la humedad y la oscuridad como ellos. Así que un cultivo de colémbolos es un hábitat perfecto para estos ácaros.

Por eso es importante no dejar abiertos los cultivos demasiado tiempo, y tener cuidado de dónde dejamos las tapas. Así mismo, que los tupperes cierren herméticamente y no dejen holgura bajo las tapas por donde puedan colarse estos minúsculos parásitos. A pesar de no alimentarse de los colémbolos, los cultivos que están infestados con ácaros no proliferan tan bien como los que no los tienen. Y tarde o temprano los ácaros son los ganadores. Así que aconsejo agotar estos cultivos como alimento, e iniciar unos nuevos, que producirán muchos más colémbolos.

 

Infestación de ácaros parásitos, que podemos apreciar como bolitas blancas que se mueven.

 

5. ALIMENTANDO CON LOS COLÉMBOLOS

Si preparamos un cultivo de la forma antes indicada, tendremos a la mayoría de los colémbolos encima del sustrato, sin posibilidades grandes de esconderse entre él, y sin embargo agrupados en grandes cantidades bajo las cortezas o trozos de carbón, en las zonas donde hemos echado comida.

A la hora de alimentar a nuestros anfibios con los colémbolos, muchos aficionados colocan el trozo de carbón dentro del terrario, pero yo os voy a recomendar otra forma más eficaz.

El motivo es que al poner el trozo de carbón, los colémbolos, que son lucífugos, darán la vuelta enseguida y se esconderán bajo el trozo de carbón y de ahí se meterán en el sustrato, con lo cual, si con suerte los han visto las dendrobates, comerán muy pocos. Además, si tienes dendrobates arborícolas y te acercas a ellas para ponerles un trozo de carbón, te van a salir disparadas y no las volverás a ver en un rato. Y para cuando se tranquilicen, no quedará ni un colémbolo en el trozo de carbón. Además, deberás volver a molestarlas para retirar luego el trozo. Por eso nunca he utilizado este método para alimentar con los colémbolos.

El método que yo utilizo es el mismo que con los microgrillos o las drosófilas: echarlos en un vaso de plástico grande con una pizquita de vitaminas en polvo (otra ventaja que no permite el otro método), luego pasarlos a un vasito pequeño y lanzarlos al terrario, donde estén las ranas, sin molestarlas en absoluto. Y al echarlos donde están las ranas, los ven antes y pueden comérselos antes de que se escondan.

Primero, cogemos un trozo de corteza o carbón. Es recomendable haber echado comida el día anterior, así habrá más cantidad de colémbolos bajo él.

Metemos el trozo en un vaso de plástico grande (de 1l) sujetándolo entre los dedos, acercamos la cabeza y soplamos aire poco a poco, para hacerlos caer dentro del vaso. También funciona si golpeamos el trozo de corteza contra las paredes del propio vaso. Sirven ambos métodos, eso sí, debemos tener en cuenta que hay que tener el trozo dentro del vaso, porque los colémbolos pesan muy poquito y además saltan, podrían caerse fuera.

 

 

Y así, repetimos el proceso cogiendo otro trozo y otro más hasta que tengamos la cantidad de colémbolos que queramos dependiendo de las ranas que vayamos a alimentar. Con este método, bastarán un par de cortezas para tener una buena cantidad, y no tardaremos más de 1 minuto en todo el proceso.

Si hemos añadido una mini-pizca de vitaminas en polvo (por ejemplo, para las ranitas recién metamorfoseadas), luego es conveniente pasar esos colémbolos a otro recipiente más pequeñito para dosificar por los terrarios o por varias partes, donde estén las ranas. Para hacer caer a los colémbolos del vaso, haremos igual que con las drosófilas y los grillos, dando golpecitos.

Los colémbolos gustan muchísimo a todas las dendrobates y sin duda los prefieren a las drosófilas, aunque les resulte mucho más trabajoso comer estos minúsculos animalitos. Sin duda, su sabor lo compensa. Se sentirán atraídos por ellos tanto las grandes dendrobates terrestres como las pequeñas arborícolas. Para estas últimas, además, serán una parte importante de su dieta, mientras que para las terrestres grandes serán una estupenda golosina con la que variar su dieta y su interés.

Y ya tendremos el banquete preparado ... que lo disfruten vuestros animalitos. Espero que os sea de utilidad, ¡suerte con los colémbolos!

 

 

 

Texto y Fotos: Gaua.


Dr. Pez © Jesús Salas y Carlos Garrido, 1997-2009. España