Después de estas breves vacaciones, que ni descansar le dejan a uno. Os traigo una breve historia que seguro será del gusto de todos los lectores que me siguen ya con adicción:

 

Historia Ilustrada de los Reptiles

 

El mundo era como una bola gorda y pelada que no tenía ni oficio ni beneficio, ni sustancia ninguna. Vamos, lo que es un bolón redondo y nada más. Y una tarde de verano de esas en que te aburres más que las ostras en el arrecife de las Tuamotu comenzó la creación. Así de buenas a primeras y sin previo aviso, la bola monda y lironda se llenó de una cantidad tal de seres vivos que parecía la M-30 en el puente de Semana Santa. No se daba abasto a ubicar animales y plantas, tantos eran que al final se les echaba a cubos. Así es, y aunque no se cuente en los anales de la religión, así es como se pobló lo que hoy conocemos como planeta Tierra. Cubos y cubos de todo tipo de bichos se echaban por todas partes hasta que se llenó todo.

Desde las alturas, el creador con cara satisfecha sonrió y se sintió feliz al comprobar su obra. Todo le gustó. Bueno... todo, todo no. La pareja de tipejillos bípedos que ya la andaban liando le dio que pensar, pero en fin lo hecho, hecho estaba. Y así, en esa alegría celestial, al toque de laúdes y trompetas, del bullicio de serafines y querubines, se oyó un ruido seco que provenía del fondo de uno de los cubos que se había usado para repartir la vida por ese nuevo mundo. Uno de los ángeles se asomó al cubo y en el fondo, allí en la oscuridad se encontraba un pobre ser atontado. El creador se impacientó y agarrando el cubo con fuerza celestial, lo volcó y de un gran manotazo expulsó al pobre ser que allí se escondía hacia la inmensidad del cielo.

 

 

Y su voz de trueno se oyó entre las nubes: " ¡Vaya, si quedaba un residuo en el fondo del cubo! ".

Y así aparecieron los reptiles en el planeta Tierra. Los pobres así llegaron y esto no hacía más que empezar...

Muchos fueron los lustros que pasaron y muchas cosas vieron, sintieron y padecieron nuestros amigos reptilianos, hasta que toparon con el hombre. Mira que habría sido mejor que no se hubieran conocido, pero estaba visto que tenía que suceder, y comenzó una bella época de entendimiento entre hombres y reptiles.

Nuestros ancestros cavernícolas, siempre haciendo gala de un gran refinamiento y sensibilidad, características éstas que les definían como especie. Mostraron desde un principio una gran consideración en su relación con los seres reptantes. Cuando se encontraban en selvas y junglas siempre se daba ese buen ambiente que se espera entre dos especies amigas. El hombre tomaba entre sus manos con todo cuidado a sus amigos los reptiles, mostrando amabilidad y respeto. Y no eran raras las veladas gastronómicas que se compartían entre ambos.

 

 

Se puede decir que los reptiles fueron inspiradores de lo que hoy en día se llama gastronomía tradicional.

Pasado un porrón y medio de años, cuando los hombres se vestían de armadura, cota de malla, espadón y mucha mugre por dentro, que más guarros no podían ser; en lo que se dio en llamar la Edad Media, por que ese era el coeficiente de inteligencia que mostraban todos los pobladores humanos del planeta; comenzó para los reptiles y la naturaleza en general una edad dorada. Fue ésta una época de grandes logros en el ámbito de la ecología, y la sensibilidad bucólica de caballeros y siervos se hacía muy patente en la preservación que se hacía de campos y bosques.

 

 

Ya decía el noble Don Aldonzo de La Tripallena: " Me place ver tanto bruto feliz en mis tierras y campiñas", cuando se recreaba en la visión de sus campos plagados de seres (o de lo que de ellos quedaba).

Tiempos distintos pasaron hasta llegar a nuestro siglo de oro español. Una época marcada por el desarrollo de todo lo que hoy conocemos como moderno. Los hombres que ahora se empeñaban en vivir todos juntos y apelotonados en ciudades y pueblos, podían ya disfrutar de mejoras en sus vidas miserables. La alimentación sana y equilibrada nace en estas ciudades. Y se inventa así la dieta sana y el tránsito intestinal. Tal era la mejora en sus tiendas y mercados que no era raro asombrarse ante tal variedad de alimentos.

 

 

Ricas viandas se mostraban ante los ojos de los compradores, siendo habitual una gran variedad en los tipos de carnes que disfrutaban estas gentes.

Por cierto, época ésta, que no se sabe porqué la población reptiliana sufrió un gran retroceso en los campos y montes, llegando casi a desaparecer. Un enigma que los historiadores siguen investigando.

Con la llegada de nuestra era. La era del teléfono móvil, de los tatuajes, de los analfabetos televisivos y del dinero te hará feliz, comienza para los animales que comparten alegrías y miserias con los humanos una edad nueva. Aparecen las aficiones, así una tarde en que un tipo aburrido se le ocurre guardar sellos en una caja, y como resultado se desencadena un tiempo de bonanza para la protección de animales y animalillos varios. A los seres humanos los da por coger a los bichejos que felices retozan por el campo para meterlos en urnas de cristal. Y uno de ellos, más avanzado, se le ocurre llamarlo "terrario" y al amigo del piso de abajo "acuario". Y así nace esta bonita afición que tanto disfrutan reptiles grandes y chicos.

 

 

El mundo se llena entonces de miles de aficionados que no cejan en el empeño de cuidar lo mejor posible a sus mascotas. Y así pasan los días en un sin vivir de cuidados y mimos a sus animalillos cautivos.

Nunca se les preguntó a los reptiles. Casi mejor que haya sido así.

Y el futuro alentador nos espera a la vuelta de la esquina. Emocionante y aún por descubrir, nos traerá, sin duda alguna, una nueva época de conocimiento y acercamiento a estos animales reptantes y reptileros.

 

 

Ya me imagino a legiones de jóvenes infantes de la mano experta de educadores eruditos disfrutando de la visión de los reptiles futuros...

Bueno... mejor dicho, "del reptil futuro". Descansando bien disecadito en su vitrina del museo.

Aunque como se suele decir, el futuro aún está por escribir.

 

Hasta la próxima...

 

Physi

 

Texto y Dibujos: Dr. Pez


Dr. Pez © Jesús Salas y Carlos Garrido, 1997-2009. España